Budapest, la gota que el Danubio derramó en el corazón de Europa

En la capital de Hungría se concentran más de mil años de historia; el buen observador podrá notar en sus calles y rincones los vestigios de las batallas libradas, así como también el espíritu apasionado de su gente en el sabor de sus comidas especiadas con polvo de páprika

En primavera los árboles de cereza comienzan a florear, las temperaturas suben y el clima se vuelve perfecto para olvidar el invierno que acaba de terminar, aunque pueda llover. En el ambiente se percibe el dulce aroma a miel de acacias mientras que el sol, estirando sus reflejos, platea las corrientes del río Danubio que, determinado y caudaloso, corta la ciudad en dos partes: Buda y Pest

Pero —como se compone en algunos casos el nombre de un bebé derivado de las sílabas de los nombres de la madre y el padre— en 1873 estas dos mitades se unieron en la urbe que actualmente se considera la más cosmopolita de Europa Central.

Para dejar plasmada esta alianza en hierro y cemento se construyó el Puente de las Cadenas, que se ubica a los pies del Castillo de Buda, nido del turul, el pájaro mítico que atrajo a los primeros migrantes desde épocas remotas.

Budapest

La resiliencia en una cáscara de nuez

La historia de Budapest es tan complicada como su idioma y tan intensa como la trama de una novela del escritor húngaro Sándor Márai, así como de una estética tan prominente como el Parlamento, el edificio más vistoso de la ciudad y uno de los más hermosos de Europa, el sitio donde se guardan las joyas de la corona del primer rey.

Desde los Habsburgo y al formarse el Imperio Austrohúngaro, pasando por la invasión de los otomanos, las dos guerras mundiales y luego la era soviética, Budapest ha tenido que reinventarse constantemente, demostrando una resiliencia que les ha permitido capear los embates de la adversidad política y económica de cada época.

Máté Koblencz, profesor de Historia, destaca que esta ciudad ha cambiado mucho en los últimos quince años. Poco queda de los edificios originales de la Edad Media, pero aún se aprecian reconstrucciones modernistas y de estilo barroco dentro de un paisaje urbano ecléctico. Koblencz señala que en cualquier edificación menor el visitante se puede topar con una gema del arte del pasado.

Actualmente hay una apertura al turismo y se realizan constantes renovaciones en el Distrito del Castillo de Buda y el paseo del Danubio, por ejemplo. También se busca sectorizar las áreas de vida nocturna para llevar la fiesta en paz entre habitantes y visitantes.

Lo que más atrae a los turistas —dice Koblencz— es que Budapest es un destino muy económico y con mucho qué ver. Así, los asiáticos, principalmente chinos y japoneses, pasean de día y los ingleses, alemanes, franceses, rusos y escandinavos prefieren la noche.

Budapest

“Egészségedre”

Desde ya puede ir practicando decir “Egészségedre” para que al brindar con los locales tomando pálinka, una bebida alcohólica a base de melocotón, luzca su talento para los idiomas exóticos.

A pesar de que el gulash —una sopa espesa a base de polvo de pimentón rojo y carne de res— y los embutidos —también con sazón de pimientos— son los ejemplos más conocidos de la cocina húngara, hay una amplia gama culinaria que incluye la producción de foi gras, por lo que el paté es de muy buena calidad.

Aquí es cuando el Unicum —otro licor típico hecho con hierbas con propiedades digestivas— caerá de maravilla, pues la comida tradicional es sabrosa, pero puede ser pesada.

Si tiene preferencia por los dulces, la invitación es a probar el mazapán y los chocolates rellenos de licor de cereza o a tomar algo caliente a media tarde con las delicateses de Girbaud, una famosa pastelería en el centro de la ciudad.

Si quiere conocer y comer, el lugar perfecto es Vásárcsarnok, el mercado público, donde conseguirás mucha golosinas culturales. Una vez en el centro, puede aprovechar y visitar la estación de trenes del oeste, que es obra de Gustav Eiffel, menos conocida que la torre de París, aunque increíblemente bella.

Los sitios alrededor de la Ópera de Budapest, edificio de especial esplendor y cualidades acústicas de primera, se especializan en bocadillos y copas. Y luego, la opción de los restaurantes modernos como el Baraka o el Bock Bistró no compiten con los tradicionales como el de la familia Rosenstein, porque hay ofertas para todos los gustos.

Para disfrutar Budapest necesitará de varios días. Toma tiempo recorrer el paseo Andrássy, patrimonio de la humanidad; visitar la Basílica de San Esteban o la sinagoga principal. También se precisa tiempo para grabar en la memoria el Parlamento y admirarlo desde diversos ángulos, ¡es imposible no hacerlo!

Es bueno contar con horas sueltas para reposar largo rato en los baños termales Széchényi, que guardan decoraciones de influencia turca, y hasta tal vez le provoque jugar una partida de ajedrez en sus vapores.

Antes de decir ”viszont látásra!” (adiós)

Cuidado con sus pertenencias, aunque Budapest es una ciudad segura no hay que mostrar los florines —la moneda nacional— ni los euros en público como un abanico. Hay carteristas y timadores en toda esta zona de la Unión Europea..

Y recuerde estar alerta a la decoración interior de los locales, porque puede pasar que encuentre asiento al lado de una obra original de Tamász Kovacs, puntillista e ilustrador célebre de las décadas de los setenta y ochenta, o ver una foto con la firma genuina de los actores de Hollywood Zsa Zsa Gabor, Tony Curtis o de Bela Lugosi, el Drácula de todos los tiempos.

Ese cubo de Rubik que no termina de armar mientras espera a que le sirvan su pedido pudo haber sido tocado por Erno Rubik... Bueno, realmente es poco probable que lo haya tocado, pero ahora ya sabe de dónde viene su inventor... ¡de Budapest!