Costa Brava De Brisa Salada y Luz

Que no le intimiden sus caletas de piedra, deje que le hablen sus aguas azules como los ojos de mirada profunda. Permita que el susurro de sus olas le invite, pero no olvide que estas son playas de orígenes indómitos, aunque se vistan de orillas inocentes.

En Barcelona puede alquilar un auto y adentrarse por modernas que lo llevarán a la provincia de Girona. Una vez ahí, le darán ganas de acelerar, de llegar pronto al mar. Es el GPS que va guiándose por las pulsaciones que salen de las playas de fondo cristalino que se ven al bajar la serpentina de curvas por el pie de la montaña. ¿Y esa estela con olor a sal? Es la que le indica que ha llegado a la Costa Brava: más que un litoral de doscientos kilómetros de playa y pueblitos, una fuente de inspiración para pintores y artistas. Pablo Picasso y Marc Chagall no escondieron su preferencia por esta región.

Esta parte de Cataluña es una ruta pincelada de historias en óleo, así como de aventuras de piratas y corsarios. Un sinfín de tradiciones de pescadores que rompieron el silencio y permitieron que el mundo y sus ritmos les conquistasen desde 1965, cuando la actividad turística se formalizó y se le bautizó como la Costa Brava.

Villas de lujo y hoteles para diversas preferencias se extienden hasta llegar a la frontera con Francia. En cada sitio encontrará una buena oferta de restaurantes, bares y establecimientos con lo necesario para incrementar el confort de las vacaciones.

Entre las paradas preferidas por los visitantes destacan Palafrugell, quizás el pueblo más grande y con mayor desarrollo. Tiene un mercadillo de delicatessen y productos locales que le conservan la esencia costera. Luego, Bagur por su belleza o Montrás para practicar el submarinismo. Pareciera que todos son abreboca antes de entrar a Cadaqués, la localidad más famosa y la menos comprendida de todas.

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El arte enamorado de la luz

Cadaqués ha sido desde principios del siglo pasado un oasis para artistas que buscaban el descanso, la inspiración o perfeccionar sus técnicas. Le atribuyeron a la luz que baña su caleta y sus callejuelas empedradas dones especiales. Salvador Dalí la inmortalizó al decir que era “el pueblo más bonito del mundo”. El pintor surrealista, oriundo de la cercana ciudad de Figueras, solía reinventarse allí. Dalí, el artista y poeta de bigote intrépido, ojos hechizados y atónitos, enamorado siamés de su Gala, no dudaba en dejarse convencer por esas aguas.

Otro catalán, el poeta Josep Pla, escribió sobre esta localidad: “El cielo es tan hermoso, el aire tan suave, la luz tan fina, el mar tan sonriente, la tierra dibuja formas tan dulces, tan agradables, tan excelsas, la vida imaginativa es tan rica y concreta, que es perfectamente natural que la muerte sea considerada un mero tráfico a un mundo igual que este".

El cabo de rocas o Cadaqués es un accidente costero rocoso que se supone único. Hay una teoría que plantea su formación con piedras de los Pirineos. Se describe como un sitio de gente feliz, que duerme la siesta y gusta de estar en sus casitas mediterráneas de techos altos y bajos; de paredes derechas o torcidas; de techado naranja.

Se cuenta que Cadaqués estuvo poblado en principio por sicilianos y marineros, pues el acceso era exclusivamente por vía marítima. Antes de que se convirtiera en el remanso del arte, los lugareños se dedicaban a la pesca de anchoas y a la cosecha e intercambio de aceitunas..

Es un sitio curioso… no sólo los artistas y los bohemios encuentran tranquilidad allí, también los gatos. Es un pueblo de gatos. Se les encuentra relajados en cualquier peldaño o curioseando al voltear la esquina. Muchos afirman que se trata de brujas que viven felices sin ser perseguidas. Brujas que vuelan sobre escobas y hacen hechizos en calderos, pero que por las mañanas se convierten en gatos. Al menos es la versión de algunos hippies que se instalaron ahí en la década de los sesenta.

Pero si de calderos se trata, es más agradable pensar en esos en los que se hierven pucheros a base de frutos del mar, comida típica de la zona. Y luego a caminar hasta la colina y contemplar cómo se agita el mar con toda su potencia, contrastando con la serenidad del cuadro.

Continuaba el poeta Pla: "La única puerta que tuvo Cadaqués fue el mar. Por el mar le llegó todo: las penas y las glorias, los lamentos y la buena vida. Cadaqués es una isla: su historia y su manera de ser sólo pueden comprenderse considerando este país como una isla"; quizás esto explica la personalidad de sus habitantes.

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El descanso prometido

Tamariu tiene las características de una playa donde un personaje como James Bond, el Agente 007, estaría recuperándose de las heridas y el estrés de su última hazaña, al cuidado de ninfas y hadas marinas.

Posee también las condiciones terapéuticas para ofrecer el silencio, nutriente que regeneraría la relación entre vida y esperanza a la vista de sus paisajes calmos y llenos de color. Tamariu es el descanso de la bravura de la Costa Brava. Donde el lacayo se convierte en rey y la rana en princesa sin que nadie la bese. Sea que llegue en familia, en pareja o en solitario, la experiencia es un llamado a la felicidad.

Por ser un destino de capacidad limitada, es recomendable planificarse; dependiendo del grupo y de las aspiraciones se puede considerar rentar una villa. Estas casas de ensueño ofrecen lujo a buen precio. La mayoría tiene piscina o jacuzzi y están reformadas con áreas modernas, jardines y facilidades para hacer asados al aire libre, mesas de billar o canchas de tenis.

Para los más activos, los deportes acuáticos y el senderismo. El servicio es de primera. Quienes atienden tienen una disposición innata a servir y se percibe en la comida y el cuidado de los desayunos en los hoteles. Hombres y mujeres a cargo de los fogones hacen pensar que el ingrediente principal de sus platos es la alegría.

Las aguas, aunque un poco frías, son excepcionales, con la profundidad perfecta para un chapuzón desde lo alto de las rocas, para los atrevidos.

Los placeres más sencillos como tomar un helado, una taza de café o beber una copa después de cenar se magnifican y no puede dejar de sentir algo muy parecido a lo que vive una persona enamorada.

Una advertencia: si viaja con perros no pueden entrar a la playa. Tamariu es un destino para repetir y puede causar nostalgia, porque cuando se ha vivido la Costa Brava, con una sola vez no basta.