El milagro en nosotros

Primero, quiero decretar y desearles un año 2019 lleno de bendiciones infinitas para todos. En esta oportunidad les contaré de mi experiencia durante octubre, que además fue el mes de mi cumpleaños.

Estuve en Budapest, Hungría, y allí compartí con personas que no conocía. Caminar por la ciudad, ir a viñedos, visitar una factoría de chocolate y navegar reafirmaron más en mí la idea de que el hogar está dentro de cada uno de nosotros y podemos llevarlo a donde vamos; también que en nuestro corazón podemos acoger a los seres que Dios y la vida colocan en nuestro camino.

Pasé por Estambul, Turquía, ciudad que amo y sobre todo a su gente. Compartir con ellos y conocer la esencia de la religión musulmana me ha hecho sentir desde el primer momento respeto, porque en el mundo sólo se han dado a conocer sucesos extremistas que han traído pesar, pero esto no implica que todos los musulmanes sean parte de estas acciones.

Luego fui a Serbia (Belgrado, anteriormente Yugoslavia). Es una de mis ciudades favoritas, el único lugar que siempre me entristece dejar. Y aunque durante varios años he trabajado en Belgrado, esta vez sólo disfruté de mi silencio y con mi amiga Beba Tatic y su hija Hristina —quien es hija de la leyenda del cine y televisión europea: el ya fallecido Josif “Tale” Tatic— y también compartí mucho tiempo con el padre Alexandar (sacerdote católico), momentos celestiales que en mi corazón permanecen.

Aun en medio de tanta paz y aprendizaje, tenía la infinita tristeza de la pérdida del hijo de mi padrino Frank, Javier, un ser humano hermoso, padre joven de un niño de cuatro años, Ethan. Su partida fue un acontecimiento que me recordaba que la vida se nos va en cualquier momento y a cualquier edad, que venimos a este plano terrenal a cumplir un ciclo de aprendizaje y que sólo Dios sabe cuándo termina. Es por eso que estos hechos tan súbitamente inesperados me llevan a acercarme cada vez más a esa luz, a ese Ser que nos creó, y que sobre todo me recuerda que hay momentos en la vida en que sólo la presencia de Dios puede ayudarnos a transcender ese grado de dolor. Les confieso que ese hecho ha causado un gran impacto en mi vida.

Sólo quiero recordarles que debemos mantener un nivel de verdad y de acción sobre todo en los momentos más difíciles de nuestra vida. Para eso tenemos que enfocarnos en nuestras bendiciones, nuestros familiares y amigos, para no estancarnos en nuestras pruebas.

A veces quisiéramos elegir de acuerdo con nuestras emociones y es como si quisiéramos que se administrara, en esos momentos de tanto dolor, esas porciones de prueba… y no se pueden administrar porque hay una demanda muy alta a nivel energético en este momento planetario, y Dios requiere de nosotros como parte de su ejército de luz.

El sistema de Dios es directo, constante y activo siempre. En el nivel humano no hemos dado lo máximo y tampoco en el interno y por eso se requiere limpiar por dentro y aprender a darnos a Dios y debemos recordar que de alguna manera somos un alma en formación.

A veces el alma no se da cuenta de que uno cree que su identidad se basaba en el rol que ejecutamos como proveedores, trabajadores o padres y eso es nada más que un paralelo de lo que realmente somos: servidores de Dios. Todo es un tejido y la línea o experiencia de vida que se queda sin trabajar y superar se convierte en un obstáculo o carga en nuestras vidas.

El hecho de que Dios en estos momentos nos esté tocando, es porque estamos listos. Responder y pasar las pruebas es nuestra responsabilidad, ya que debemos entregar verdad y acción para convertirnos en ese ejército de luz que Dios requiere de nosotros para servir de ejemplo y para que lo que vayamos a ejecutar en un futuro, sea en un mayor campo de acción.

Hagamos un esfuerzo en mantener la conciencia del Ser, que es la plenitud de la conciencia de Dios, en total capacidad.

La maximización del Ser y el desarrollar nuestra agudeza debe ser una prioridad en nuestras vidas, así como también aprender a no seguir llevando y viendo las cosas bajo criterios humanos sino elevarnos a la conciencia de ese Ser que nos creó.

Desde allí todo es mucho más fácil y llevadero porque las cargas de dolor pesan menos. Sólo debemos mantener en todo momento una visión integral de lo que realmente somos y sobre todo tener un claro propósito en nuestra vida.

No esperemos los milagros, ¡seamos nosotros el milagro!

Les envío un tsunami de Bendiciones.
Namaste.
Dao Kapra